Recent Posts

banner image

No está mal pedir ayuda.

 No está mal pedir ayuda.

Supongamos que tienes que mover una mesa grande de un lado al otro en un patio. Seguro vas a buscar mil formas para hacerlo, sólo porque no quieres molestar a algún miembro de tu familia y mucho menos vas a querer molestar a un vecino. 
Probablemente en muchos de esos intentos podemos lastimarnos físicamente porque simplemente la mesa es muy grande o muy pesada para que la tenga que cargar una sóla persona.


¿Por qué no pedía ayuda en la niñez?

Para poder responder a esta pregunta tengo que devolverme cuando tenía 5 o 6 años. Hoy es anécdota, pero hace muchísimos años podría decir que tenía dos características que me diferenciaban de los otros niños de mi salón en el colegio; 1. Nací con un problema físico de nacimiento que requirió una operación prematura en la cabeza que me dejó un huevo de hueso encima y una cicatriz que me atraviesa la cabeza de oreja a oreja y 2. Sin miedo a equivocarme, probablemente yo era el primer niño en toda la historia del colegio en que lo suspendieran en transición.

A pesar de un equivocado acompañamiento de la psicología del colegio toda mi trayectoria fue así: Era un niño y luego un adolescente que creía metafóricamente que podía cargar la mesa sólo porque no necesitaba ayuda. Por eso, pasé la mayoría de mi época escolar en una constante suspensión y castigo.


¿Por qué no pedía ayuda en la adolescencia?

La adolescencia es esa transición conductual entre no tener la suficiente madurez para vivir y cierta libertad para tomar decisiones, muchísimas equivocadas. Al tener libertad de decisión, más fuerte me sentía para creer que podía cargar la mesa sólo, pero aún no era suficiente. Seguía lastimando mi seguridad ver que entre más crecía yo, más pesada y grande era la mesa que estaba cargando.

Cada mala decisión tomada le daba un poco más de carga a esa mesa. Por eso,mi familia notó que me oscurecía bajo la sombra porque ya el sol no entraba completamente. Ya no era el niño feliz y expresivo, ya no generaba confiaba en las personas más cercanas y a veces desconfiaba hasta de mis propias convicciones.


¿Por qué pasé mis primeros años de la adultez sin pedir ayuda?

La mesa ya era tan grande que simplemente ya no veía el sol. Esas pequeñas victorias que tuve en ese momento de mi vida estaban siendo opacadas por los problemas que cada vez se veían más grandes. Problemas en mis relaciones interpersonales, problemas con mi familia, problemas con mis amigos, problemas con mis propias emociones, ya no aguantaba más.

No podía cargar con todo sólo, era tan pesado que ya ni siquiera lograba identificar qué era todo el peso que estaba cargando. En ese momento ya no existía en mi vida la motivación, ya no existían las metas, cada decisión y cada conducta estaba influenciada por supervivencia y no por las motivaciones de vivir.


¿Por qué pedí ayuda?

Simplemente un día comprendí que el orgullo sólo me estaba haciendo daño y necesitaba de muchísimas manos para poder mover la mesa y volver a ver la luz. 
Las primeras manos que me ayudaron a cargar la mesa fueron las de una novia que tenía en el momento. Ella era psicóloga clínica y me sugirió que la ayuda profesional podía ayudarme a salir de la sombra.
Las segundas manos que me ayudar a cargar la mesa fueron las de mi familia, los más importantes. Cuando di una voz de alerta, ellos me ayudaron a buscar esa ayuda profesional que necesitaba poder salir adelante.
Y las manos más fuertes que recibí fueron las de mi psicóloga, Lucrecia Caro. Durante dos años ella me enseñó a identificar la ansiedad y tratarla. Me condujo el camino para identificar las heridas que tenía desde la niñez y me ayudó a sanar mi mente, mi alma y mi corazón.



Tal vez estás necesitando manos de ayuda.

Tuve la gran fortuna de contar con muchas manos y hoy mi vida es muy diferente a lo que fue durante muchos años, me atrevería a decir que gracias a todas las manos pude sanar y empezar a vivir de verdad.
No existe una decisión más responsable que pedir ayuda profesional cuando los sentimientos y la mente están heridos. La salud mental se debe cuidar tanto como la física. Nunca es tarde para iniciar el proceso de sanación. 
Espero que esta lectura haya servido de ayuda para identificar si tienes una mesa pesada por correr, y si es así, de corazón espero tengas la fuerza suficiente para poder gritar en busca de ayuda y sanar dentro de ti.



No está mal pedir ayuda. No está mal pedir ayuda. Reviewed by Felipe Correa V. on mayo 21, 2021 Rating: 5

1 comentario:

  1. Muchas gracias por compartir esta historia. Creo que es hora de pedir ayuda ;).

    ResponderBorrar

Home Ads

Con tecnología de Blogger.