Hasta el día de hoy fui capaz de escribirte.
Fue un proceso de sanación y aceptación que duró un tiempo prudente. El mejor
momento para escribir es hoy cuando todo duele mucho menos que antes.
Si miro hacia atrás, encuentro aquel día donde
nos conocimos y teníamos muchas expectativas el uno del otro. Desde ese día no
pasó un momento en que no quisiera lo mejor para ti, para mí, para todas las
personas que nos rodearon en nuestra relación.
A veces, en el afán de congraciarme contigo y
con el mundo, cometí errores que, seguro, tanto tú como yo, llevamos en el
corazón. Así fue como aprendí que en esta relación, como en cualquier otra, tú
también hacías tus esfuerzos y tenías momentos duros donde podías herirme sin imaginar
el daño que estabas haciendo. Pero hoy no se trata de buscar culpables de lo
inevitable.
Así mismo, espero que sin importar donde estés,
puedas decir que ya perdonaste todos mis errores y que en tu corazón sólo
quedan recuerdos de los días que pasamos juntos, de todo lo que aprendimos uno
del otro. Espero que seas una mejor persona gracias a todo lo que quise dejar
en ti.
Si miro hacia el futuro, sólo espero que nos
podamos volver a ver en cualquier dimensión del universo. Tal vez no sea en el
mismo tipo de relación que acostumbrábamos antes porque las circunstancias no
lo permiten. Creo que lo más sano para ambos es poder mirarnos, así sea de
lejos y sonreír y levantar las cejas. Una sonrisa es un gesto de
agradecimiento, de cariño y de respeto.
No me olvides nunca que yo siempre te voy a
recordar.
Finalizada la carta, probablemente sentiste que
pudiste escribirla o haberla recibido por parte de una pareja, una persona que
falleció o hasta por una persona con la que tuviste una amistad o una relación
laboral. Ese es el objetivo de las cartas sin marcar.
Hice una pequeña encuesta en mi twitter
personal donde preguntaba si te enseñaron a tolerar la frustración en la
infancia. Una gran mayoría coincidió en que, de niño o niña, nunca le enseñaron
a hacerlo. De hecho, yo tampoco lo supe hacer durante casi toda mi vida.
Pasé muchos años de mi vida lidiando con frustraciones muy grandes y duraderas; algunas por novias que se fueron, por el trabajo o por perder amistades. Intentaba de mil maneras cerrar esos capítulos y ninguna de las soluciones que intentaba funcionaban.
En junio del 2018 sentí dos dolores muy grandes
en muy poco tiempo; de un lado, mi novia de varios años se había ido a vivir a
Estados Unidos por un año (mínimo) y, de otro lado, mi hermana, mi cuñado y mi
adorado sobrino se fueron a vivir a Barcelona.
La verdad no sabía cómo manejar esas grandes pérdidas.
Volví a sentir esa ansiedad y ese hueco en el corazón que había sentido muchas
veces y que, durante mucho tiempo, me impedía avanzar.
Así fue como decidí escribirles algunas cartas expresándoles
todo lo que sentía. Eran cartas que nunca iban a ser enviadas y que, tal vez,
nunca serían leídas, porque el objetivo de ellas no era transmitir un mensaje a
una persona en particular, sino entregar un mensaje de desahogo hacia mi yo
interior.
Luego de ver el resultado positivo que tuvo en
mi salud mental ese ejercicio, miré hacia atrás y empecé a escribirle cartas a
las personas que me habían hecho daño; en esas notas les manifestaba que ya
había los perdonado. También le escribí a aquellas personas a las que les hice
daño, les pedí perdón y les deseé un buen futuro.
Luego de mirar hacia atrás y sentir que había
sanado todas esas frustraciones, empecé a mirar siempre hacia el frente. Y
desde ahí, cada vez que necesito cerrar un capítulo de mi vida, escribo una
carta a las personas implicadas.
Al día de hoy, aquellas cartas sin marcar y sin
enviar son mi herramienta favorita para perdonar de verdad, para sanar mi mente
y para sentir que logro tener un manejo adecuado de la frustración.
¿A quién le vas a escribir tu primera carta?
Reviewed by Felipe Correa V.
on
junio 02, 2021
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Gracias Pipe, es algo que no he logrado hacer, a pesar de que creo que podrían hacerme bien.
ResponderBorrarAlgún día.
Tremendo, justo pienso que hay personas de las que no podemos despedirnos como se merecen, la forma en que se da tan repentinamente deja un vacío que a veces tenemos que lidiar solos porque del mismo dolor no podemos compartirlo con nadie.
ResponderBorrar¡Qué grande! Cae "como anillo al dedo", en un momento donde la palabra "perdón", perdió todo su valor y -aún más-, en una sociedad que nos vendió que debemos esperar el perdón de los otros, cuando el que importa es el interno y el nuestro hacia los otros.
ResponderBorrarTambién hay un sinfín de "Cartas sin marcar", de este lado; aunque las quemo después de un tiempo y que el viento haga con las cenizas lo que desee.
Un abrazo enorme, nos vemos pronto en Oriental.
Bayerbo.